Sin idea no hay historia, pero siempre es posible estropear una buena idea si no sabemos contarla. Hay que lograr atrapar ese chispazo, que es el embrión de cualquier narración, el origen de todo lo que viene después ( ¡Tengo una idea! ). Es necesario el talento ( que suele ser innato, aunque también se cultiva: lo estamos intentando en nuestro curso) pero hay que saber dominar la forma, hay que aprender a escribir.
A pesar de que el cine y la televisión son medios fundamentalmente visuales, están basados en la palabra escrita. La primera habilidad de la comunicación se basa en la palabra. Aunque cada vez con mas frecuencia se realizan intentos de prescindir de ella, de que las imágenes hablen por si solas, si queremos aprender a contar historias en imágenes, primero hemos de saber contarlas por escrito. Espero que todos hayamos aprendido que un buen guión no surge por arte de magia. Es fruto de un buen trabajo de planificación ( storyline, sinopsis, tratamiento y escaleta) y de un dominio de los “trucos” del oficio de contar.
Recordemos también que el guión no es una obra literaria sino una herramienta. A un guionista no se le va a exigir que domine los recursos estilísticos como por ejemplo a un novelista. Solamente es necesario saber contar la historia, hacerla interesante.
Para terminar con estas reflexiones a modo de recapitulación comentar, que existe una “regla de oro” sobre la importancia del guión y su papel como herramienta básica para la elaboración de cualquier obra audiovisual, que dice que con un buen guión una película puede ser buena o mala, pero con uno malo, la película está irremediablemente condenada a la mediocridad.
Ninguna obra maestra ha surgido de un mal guión.
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